Así se me presentó un día Manuel Lermas, como un auténtico Enfermo de Belleza, como un antropófago de lo Bonito. Hace unos meses, Manuel me anunció que tenía intención de visitar esta ciudad. He de confesar que tal revelación me impidió dormir durante unos días. A su vuelta, visionando el trabajo que allí había realizado y que es motivo de esta muestra, descubrí con sorpresa, (quizá resultado de un acuerdo entre su cabeza y su objetivo), que Manuel había abandonado sus propios preceptos, para mostrarse de repente, abierto, exterior, un Manuel de trescientos sesenta grados. En esta serie de fotografías, Manuel abandona el dramatismo para instalarse en la naturalidad más cotidiana, una naturalidad que coquetea en ocasiones con la trivialidad más cercana, más morbosa... más interesante. Manuel fotografía grandes espacios, sencillos juegos visuales, escenas íntimas robadas, imágenes que en otras miradas pasarían desapercibidas. Él, siempre con vocación de fotografiar, de un cuerpo imposible su lado mas Bello, nos sorprende ahora despreciándolo por completo y mostrando al fin, el lado que yo quería ver de las cosas. La Verdad de las cosas. En un escenario excesivo, chocándose constantemente contra los iconos y prohibiéndose a si mismo una sobredosis de gondoleros, Manuel, la despoja de toda identidad y nos muestra Venecia, como si esta fuera una ciudad cualquiera... un día cualquiera. Obra de Manuel lermas Texto de Paco Mejias (creativo multidisciplinar y amigo) |
|||