El hombre de corazón, se encanta con la montaña; el hombre de entendimiento disfruta con el agua. Confucio Es bien sabido que el concepto Naturaleza viene manteniendo desde hace siglos una especial relación con el concepto Arte . Al principio de esa relación, predominó la mimesis: El arte imita a la naturaleza. En el siglo XIX surge la provocadora propuesta de Oscar Wilde: La naturaleza imita al arte. El cineasta Woody Allen, en el pasado siglo XX, apostilló con ironía: La naturaleza no imita al arte, sino a la tele basura. Teniendo en cuenta estos antecedentes, cabe preguntarse: ¿Cuál será el papel que asumirá en esa relación la computación en el siglo XXI? Es todavía pronto para aventurar una respuesta; no obstante, si observamos las propuestas que nos ofrecen las diferentes galerías de arte contemporáneo, apreciaremos que mayoritariamente los autores de tales obras adoptan una actitud interpretativa de la naturaleza que se traduce en acciones, intervenciones y acumulaciones, fruto de sus sentimientos y de sus pensamientos, para lo cual se sirven mayoritariamente de la imagen digital y de sus diferentes programas de edición y de retoque. El trabajo que nos muestra el fotógrafo amateur Toni Benito titulado Un mar de texturas es un claro ejemplo de esa tendencia interpretativa y del uso de las herramientas virtuales. Tomando una parte de la Naturaleza como hilo conductor, Toni Benito ha elaborado su particular discurso, generando una plástica específica en la que destaca la función constructora, con una apariencia muy concreta, fruto de la voluntad del fotógrafo y cuya finalidad es comunicarnos una realidad onírica, coherente con el estilo personal del autor, ampliamente demostrado en su larga trayectoria. Debemos recordar que el fotógrafo no debe retratar meramente lo que ve delante, sino también lo que ve en sí. http://www.la-fotografia.com/content/view/550/ Texto de José R. Cancer (Doctor en Historia del Arte por la Universidad de Valencia) |
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